Cris Benavides, la artista de nuestros Mitones Puna Flora

Todos

Invitamos a Cris Benavides de @b.o.r.d.a.r para diseñar juntas una edición limitada de nuestros mitones Puna, de fibra de llama tejidos a mano en distintas comunidades jujeñas.

Nos encanta su trabajo y los resultados de esta fusión de tejido y bordado entre mujeres de dos regiones del país tan distintas, quedó hermosa. Acá nos cuenta más sobre ella y su relación con el bordado.

BIO

  • Profesión/oficio: bordadora
  • Edad: 31
  • Signo del zodíaco: aries
  • Ciudad: Capital Federal (Bs As)

O: Contanos un poco de tu backround ¿Qué hacías antes de B.O.R.D.A.R?

C: Durante 10 años me dediqué a la fotografía de moda y al maquillaje. Con esta última trabajé en diferentes áreas, como cine, tv, teatro y también maquillaje social.

O: Como llegaste al bordado?

C: Llegó un momento que ya no me gustaba lo que estaba haciendo, mi trabajo se había convertido en una rutina y había dejado de disfrutarlo. Buscando en qué distraer mi cabeza aparece un curso de bordado y creo que fue amor a primera vista.

O: Qué sentís o qué te pasa cuando bordas?

C: Es casi como meditar, me calma, me relaja, mi cabeza está puesta en la tela, los hilos, la aguja, no pienso en nada más que en lo que estoy haciendo pero a la vez siento que estoy en otro lugar. Disfruto mucho de bordar, de dibujar con hilos y ver cómo cobran vida en la tela.

O: Creés que actualmente se valora más que antes el trabajo artesanal, que por ejemplo en los 90¨s o hace 10 años?

Por un lado creo que estamos empezando a valorar cada vez más las cosas hechas a mano y a las/los artesanas/os que las realizan. Y por otro lado, las personas se están dando cuenta que necesitan un cable a tierra, algo que los relaje y desenchufe y saque de la rutina diaria del trabajo, la oficina y las mil cosas que hay que hacer. 

Así que no sólo creo que se está empezando a valorar más lo artesanal sino también el hacerlo son tus propias manos.

Pequeño ping-pong bordalero

  • Tu puntada y paleta favorita Mis puntadas favoritas (por que no puedo elegir una sola) son el punto atrás y el punto helecho (o punto hoja). Mi paleta favorita por lo general es desaturada, con tonos rosados, beiges, grises y marfil.
  • El bordado/trabajo que más te gustó hacer El año pasado participé en el armado de una vidriera en “Espacio Umbral” para la Noche de los Museos y realicé una pequeña instalación de bordados hechos en gasa natural, me encanta trabajar sobre esa tela. La pieza principal era bastante más grande de lo que suelo trabajar, apliqué mis puntadas y paleta favorita.
  • Una meta con @b.o.r.d.a.r. Me cuesta pensar una sola, quiero seguir mejorando mi trabajo y mi técnica. Pero me gustaría trabajar más realizando obras o instalaciones y poder colaborar a que el bordado se siga instalando y no quede como una moda.
  • B.o.r.d.a.r. es para vos …Todo!, es mi emprendimiento, es la vidriera de mi trabajo, es la forma en la que muestro lo que hago, es lo que me permite conocer y darme a conocer.

BORDAR

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¡Gracias Cris por compartirnos un poquito de tu universo y tu arte!

 

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Grata charla – La Huella

Nos dio la sensación de estar ante un grupo humano y de trabajo más sano, armonioso y respetuoso que muchos de los que hemos formado parte o conocido, que se encuentran fuera de un hospital psiquiátrico casualmente. La participación y la equidad de sus miembros; las miradas de complicidad y orgullo; la libertad y confianza para hablar.

Compartimos una de las primeras charlas con el grupo:

O: ¿Cómo empieza La Huella?

Oscar: Yo tuve que internarme por un problema que tuve, no me quedó otra que solucionar el problema internándome. Al estar acá, quise volver a trabajar.Y me dijeron que vaya al cuarto piso, donde funciona el gabinete de pre-alta. Ahí lo conocí a Federico, que coordinaba un taller de bolsas de residuos. Había máquinas de mano para trabajar madera y un banco de carpintero. Después de un año y medio conseguimos este espacio que es hoy nuestro taller. Federico trajo la idea de tener un nombre y un logo, y entre todos elegimos el actual.

Cada objeto tiene un contenido en sí y además un sentido estético. Son de madera reciclada. Tratamos de hacer arte expresando con la madera lo que nosotros entendemos que es arte.

O: Cuéntennos un poco de la dinámica que tienen, ¿cómo opera La Huella?

Oscar: Como grupo de trabajo, la intención es que tiremos todos para el mismo lado, todos aportamos al mismo pozo, y todos nos llevamos lo mismo. Todos colaboramos y tenemos la misma actitud con el trabajo.

Federico muchas veces trae las ideas. A partir de ahí todos aportamos, se produce un ida y vuelta basado en la confianza y elaboramos en conjunto cómo resolveremos, como bajaremos la idea a la realidad.

Federico: El primer paso que da alguien que ingresa a La Huella es como tallerista, pasa un tiempo, y luego se integra como socio, y pasa a cobrar por su trabajo. Vamos viendo como evoluciona, como trabaja, como se va sintiendo e integrándose al grupo y al trabajo.

Oscar: Acá hay un tiempo para todo: un tiempo para fumar, trabajar, tomar mates y se vuelve a trabajar. Todo funciona en armonía y en alegría. Como grupo nos llevamos bien. Es difícil llevarse bien en un trabajo, porque siempre hay disputas personales, roces. Pero acá, por lo que yo veo, nos llevamos muy bien todos. Compartimos la mesa, el almuerzo también. No importa quien hace un trabajo más, o mejor, todos aportamos al funcionamiento de La Huella.

O: ¿Alguno quiere contar como ingresó en La Huella?

Eduardo: En el 2007 tuve un brote de esquizofrenia. Fui al Evita de Lanús y estuve tres meses. Salí rehabilitado. Por medio de una enfermera entré en los talleres protegidos. Primero pasé por un taller de adaptación donde vas rotando por distintos oficios. Me decidí por tapicería. Después de tres años trabajando ahí, la terapista ocupacional me comentó sobre La Huella y una oportunidad de tapicero. ¡Y ahí vine! Ni bien llegué probé con un silloncito blanco. Y les gustó, porque al tiempo ingresé a La Huella como tallerista, y a los tres meses me incluyeron como socio.

José: Yo ingresé en Junio del 2012, a través de una terapista ocupacional de los talleres protegidos, Eloisa. Yo soy lustre, soy bastante rápido. Me habían enseñado en los talleres protegidos donde estuve 3 años. Acá en La Huella aprendí otros trabajos en madera, propongo ideas, trabajo con papel, decoupage, pintura entreverada, mezcla de colores.

Obra: Si una persona quiere ser parte de La Huella, ¿cómo hace?

Federico: Hacemos una entrevista de admisión y la característica principal es que le tiene que gustar. No tomamos a alguien porque un médico o terapista dijo que tiene que trabajar, sino porque tiene una motivación personal, un interés ó una historia relacionada a alguno de los oficios vinculado a La Huella. Esa es la puerta de ingreso.

La figura de tallerista es para personas que quieren probar, transitar por la huella, creen que les puede servir trabajar un tiempo y nosotros les abrimos la puerta. Y sirve.  Cuando el tallerista se identifica con el emprendimiento y le gusta a largo plazo, ahí empieza un proceso hacia la asociación. Hay una decisión democrática en donde el nuevo miembro es aceptado afectivamente. El nuevo miembro tiene que comprometerse y unirse a nuestra cultura de trabajo. Eso implica llegar en horario, planificar, trabajar con objetivos y ponerle todo lo que cada uno puede poner al trabajo. Nos integramos por el trabajo. Cuando está eso, ya sentimos que estamos en una empresa, con objetivos de producción y de venta. Nos distanciamos del hecho terapéutico, cada uno tiene su terapeuta o médico. Acá buscamos lograr a través del trabajo un sustento y la comprensión de lo que es una empresa.

La Huella es muy generosa, en el sentido de que podemos hacer algo entre todos, podemos compartir y no nos fijamos si hay alguien que hace un poco menos o un poco más, la cosa es que esté el compromiso de trabajar y llegar al objetivo.

Obra: ¿Cómo definirían una empresa social?

LH: Pone en el centro a la persona. Tiene fines económicos y sociales, y los dos tienen que estar siempre presentes y con igual importancia. Si fuera solo fines sociales sería un sistema de asistencia. Nosotros combinamos la asistencia en salud con producción y trabajo. Si vemos a La huella ahora, lo que más nos gusta es expresarnos y que haya lugar para la creatividad y creación colectiva. Tenemos también personas que colaboran y que no provienen del ámbito de la salud, como Martin que es un empresario textil, que nos ayuda en la parte de comercialización y diseño a veces también.

Todavía la parte de comercialización no esta del todo desarrollada, nos falta un poco. Por eso me parece buenísimo que uds. estén acá.

Obra: ¿Cuáles son sus sueños e ilusiones con respecto a La Huella?

Oscar: Estar estables seria un sueño.

En Italia hay emprendimientos sociales que funcionan muy bien y son autosustentables, creados bajo las ideas de Franco Basaglia. Era un médico psiquiatra que trabajando en hospitales como éste, habló de generar la desmanicomializacion, es decir, como sacar a los pacientes de las instituciones e integrarlos en la sociedad, que puedan vivir en sus casas y trabajar. Con esa idea se empezaron a generar empresas sociales. Esto ya lleva más de 30 años en Italia. Federico estuvo haciendo una pasantía allá y han venido acá a visitarnos también. Otro sueño sería también ir para allá, visitarlos.

Otro sueño es poder tener un espacio físico con una vidriera, un negocio donde trabajar y mostrar nuestro trabajo.

José: Crecer

Obra: ¿Qué les gusta de su trabajo?

Eduardo: La libertad, de creación, de todo tipo: se trabaja sin presión. Podemos crear y proponer, hay libertad y comprensión. Se trabaja mucho, y a gusto.

Oscar: Hay algo implícito que es la armonía. Esa armonía lleva a una energía de amor que hace que todo funcione bien, y si todos estamos bien, se transmite, y eso hace que la cosa funcione y que todo este cada vez mejor. No se explica pero está. A veces hay que recordarnos que hay que parar.

Federico: Cada vez tenemos más amigos, más conocidos.

Oscar: hubo una época en que tuvimos 1 peso en la caja. Cerró uno de los locales donde mejor vendíamos. Fue un bajón y lo superamos. Son pruebas en la vida, cosas que tienen que pasar, no está ni bien ni mal, son cosas que tienen que pasar y son por algo. Nos estamos curtiendo y vamos creciendo. Es constante el apoyo entre nosotros, el esfuerzo conjunto y el darnos aliento.

Federico: Viajamos dos veces, a Puerto Madryn y Gaiman. Eso también está bueno. En otros lados se le da mas importancia al tema de salud mental y trabajo, y de las empresas sociales. Acá está creciendo.

José: Yo entré con la idea de ser lustrador y me gusta que me encontré con más cosas, aprendí distintas cosas. Y me gusta el producto, lo que hacemos, el producto final.

Maestra de los tintes naturales

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Llegamos a Liliana Pastrana con suerte. Hace algunos años Sil viajó al norte  y conoció el emprendimiento Unión Diaguita en un local comercial del centro. Durante nuestro viaje de investigación a Tafí del Valle, volvimos al lugar pero el local estaba vacío. Teníamos un teléfono de la cooperativa, pero no pudimos comunicarnos. Así que todo indicaba que no la conoceríamos porque ya al otro día nos teníamos que ir. Pero en la mañana, antes de dejar Tafí, probé de nuevo a ver si la encontrábamos. ¡Y esta vez si la encontramos! Llegar con instrucciones sin número ni calle fue medio difícil, incluyendo una parada en lo de otra Liliana que no supo darnos mucha información. Finalmente, con ayuda de los vecinos, por el nombre o por la actividad, fuimos guiadas y llegamos a destino.

Liliana empezó a investigar y trabajar en los teñidos naturales por la bisabuela de su marido y otra señora: Ramona Chaive y Benita Cruz. Ramona le enseñó cómo se teñían los tejidos, qué plantas utilizar, cómo preparar los tintes. Básicamente, sus secretos. Ramona murió a los 108 años y Liliana quiso compartir ese conocimiento, y desarrollarlo. Enseñó a otras mujeres y en 2002 creó la cooperativa a raíz de un taller que armó en un centro de capacitación para adultos. Actualmente enseña en escuelas.

Lleva 20 años de investigación. Su sueño es poder publicar ese trabajo en un libro sobre tintes naturales del monte tucumano, y el trabajo de las hilanderas y tejedoras de Tafi del Valle.

Liliana estuvo muy enferma hace un tiempo, y dice que este trabajo la salvó. Le apasiona lo que hace y le da vida. Le gustaría que las mujeres que son parte se motiven también y tengan fe en que van a poder vivir de esto.

Ante la pregunta de cuál es su sueño, Liliana contestó que le gustaría poder vender más y que así las mujeres que participan del proyecto puedan vivir de esto que les gusta. Y editar el libro, para que sus estudios y experiencias sobre tintes naturales del monte tucumano, sigan vigentes.

Me gustaría poder vender más, para que todas las mujeres que participan del proyecto puedan vivir de esto que les gusta. Y editar el libro!

 

Tejedora de proyectos

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En uno de nuestros primeros recorridos por el norte del país conocimos gente que con su trabajo y sus ganas de mejorar su realidad nos causó mucha admiración.

Un ejemplo es Angela Romano, quien forma parte de “Manos Tafinistas”, un grupo de mujeres que encontraron en el tejido la forma de sacar adelante a sus familias. Venden en un pequeño local en Tafí del Valle.

La conocimos junto a una compañera del grupo de tejedoras que lidera, en un local que el Municipio de Tafí les presta para vender sus productos. Tejidos, frutos secos, jabones, dulces. Todo casero.

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Angela es una emprendedora de la vida: lidera este grupo de tejedoras que ella misma convocó. Pasó de vender en las veredas de la plaza, a contar con su local; de producir y vender sola, a contar con un grupo que produce y vende en conjunto. Aprende y enseña. Y no sólo sobre tejido: está aprendiendo a hacer jabones naturales, toma clases de diferentes cultivos y conservas. Enseña lo que sabe sobre tejidos a otras mujeres, enseña lo que aprende en cuanto curso se anota. Nos habla de educación popular: aprender unos de otros, compartir sus saberes, aprender de lo que otros saben. En los quehaceres y charlas diarias. Esa es la educación popular.

Al cabo de la tarde -que transcurrió entre mates, charla, tejido y prueba de modelos- nos invitó a pasar la noche en su casa. En las afueras de Tafí, compartimos una comida con Angela y su marido, Belisario. Alegres y generosos, nos abrieron las puertas de su casa y su vida por esa noche.

“Todo lo que damos, vuelve” dijo al pasar, pero intuyo que la generosidad le brota naturalmente, sin tener en cuenta cómo o cuándo vuelve lo que da. Simplemente se abren, dan amor, comparten su vida, pensamientos y saberes.

Todo lo que damos, vuelve.